Hoy dejamos el hostel, desayunamos y dejamos las maletas en consigna. De paso os cuento lo de las maletas. Como cargamos muchas veces con él, hemos reducido mucho el equipaje. Llevamos dos maletas que compramos en Decathlon, es un troley con asa plegable y ruedas, pero tiene una ventaja, si abres una sección tiene tirantes y se transforma en mochila. De todas formas llevamos lo mínimo, camisetas y pantalones oscuros, pocas mudas y recurriendo a las lavanderías. Al salir de barajas, cada una de las 2 maletas no llegaba a los 10 kilos.
Bueno, pues a visitar las últimas cosas de Peking.
Lo primero, el Palacio del Príncipe Gong, aprovechamos y nos vamos andando, bordeando el rio, lo que fue el foso de defensa, está en un hutong, llegamos a la vez que un grupo turístico, van en caravana en sus rishaow, esa bicicleta con un carro detrás. El palacio tampoco tiene desperdicio, un montón de casa, un montón de joyas, mucha foto que te permite ver como eran los nobles de la época, cuesta 30 yuanes persona. Ahora queremos ir a las torres, la del Tambor y la de la Campana, realmente bonitas, aunque se han quedado un poco encerradas en el tráfico. También tienen en común con casi todos los monumentos el estado de abandono. Como es un arte pintado, al estar al aire libre, o estás muy encima o enseguida tienen aspecto de descuidados. No se libra ni la Ciudad Prohibida.
Continuamos camino y nos encontramos un huton "de diseño", una recreación hecha para turistas y donde, en vez de casa han situado tiendas de artesanías, recuerdos, arte, restaurantes...
Vamos hacia el Templo de los Lamas, ( 25 yuanes persona, curioso, dentro de la entrada, en forma de sobre viene un pequeño cd multimedia con información del Templo) el más grande de Peking, continúa la misma tónica de edificios dentro de un recinto cerrado. Pero tiene otro aire, no se si solo por ser religioso en vez de civil, por la presencia de los monjes, de la multitud de fieles quemando incienso y rezando sus oraciones, pero sobrecoge. Hay una paz en todo el recinto, a pesar del trasiego de gente, a pesar del turismo. Son una sucesión de edificios, con una gran cantidad de imagenes de Buda, de diferentes tamaños, estelas. Vemos a uno de los monjes que rezan golpeando con la cabeza, es un hombre joven y lleva cardenales hinchados en la frente y en las sienes.
Intentamos entrar en el Templo de Confucio que está enfrente, pero se nos ha hecho tarde, van a cerrar.
Ya se nos ha hecho hora de regresa por última vez al hostel. Hacemos tiempo, nos conectamos a internet, pedimos que nos escriban en chino para el taxista el nombre de la Estación de Ferrocarril del Oeste, casi nadie sabe leer caracteres occidentales, y el del Hotel de Xi'an, que les damos en caractéres europeos, pero en este caso no es posible, no es una traducción como estamos acostumbrados y además los chinos solo saben unos pocos de los 3000 pictogramas que hay. Lo hacemos de otra forma buscamos en internet el hotel y para copiar la dirección en chino si que no hay problema.
Cogemos un taxi a la estación, hay que atravesar media ciudad y hay tráfico, tardamos más de media hora ( 30 yuanes). La estación corresponde a Peking, una inmensidad. Hay 13 salas de espera, de cada una salen varias puertas a varios trenes, continuo ir y venir de multitudes. Cenamos en un restaurante con fotos de los platos y compramos provisiones y agua para el viaje. Entre otras cosas compramos unos paquetitos, de diferentes colores, como de polvorones. Los venden a granel y pensamos que son bollitos. Cuando los abrimos resultan ser frutas desecadas, cada color una fruta diferente.
Cuando se va acercando la hora nos asustamos un poco, hay una cola importante, no va a dar tiempo. Pero lo tiene bien organizado, se colocan tres empleados y van controlando billetes a toda velocidad. El tren está formado en la via, es larguísimo, pero localizamos bien el departamento.
Vamos un poco con el tema del tren. Nosotros somos amigos de los viajes interiores nocturnos, pero claro, en condiciones. No pierdes tiempo durante el día y usamos opciones que te permitan dormir. En América, los autobuses cama y aquí el tren con literas. Hay dos tipos, la dura y la blanda. No se la razón del nombre, por que la principal diferencia es que en las duras, el compartimento es de 6 personas y no tiene puerta. En las blandas son cuatro pasajeros y va cerrado. No pierdes tiempo, es más barato que el avión, por que encima te ahorras la noche de hotel. Por poco más dinero, puedes elegir las literas de abajo. De Peking a Xi'an nos cuesta 410 yuanes por persona.
El tren es moderno, el compartimento es realmente cómodo, la ropa de cama limpia y zapatillas desechables de regalo. Tambien tienes tu mesilla con el termo de agua caliente correspondiente (en cada vagón o cada planta de hotel, hay grifos de agua hirviendo para rellenarlos).
Pasa la azafata, muy mona y glamurosa y nos cambia los billetes por unas tarjetas, como de crédito, nunca llegamos a saber por que. Nos lo vuelve a cambiar antes de la llegada.
Otro invento que descubrí hace un tiempo son los tapones de cera, sobre todo para viajar, son una maravilla. Me los pongo y hasta mañana.
lunes, 4 de mayo de 2009
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