A la puerta del hotel, después de desayunar cogemos un autobús urbano, que por 1,50 yuanes nos lleva a la puerta del palacio, a 12 kilómetros de Pekin. Parece que la ciudad era demasiado cálida en verano y se construyeron “el campito”. Como todo aquí son decenas de edificios, su pagoda, un corredor cubierto con 20.000 pinturas, un lago, en el que hacían batallas navales. La entrada 60 yuanes. Comentaros que hemos visto, que para el nivel de vida chino, las entradas a todas partes son caras ( por supuesto en proporción) no hemos conseguido saber si ellos pagan lo mismo o no. Audioguía, malísima, 40 yuanes. En la orilla del lago está amarrado un barco. Pero resulta que es un barco de mármol. A la emperatriz a la que llaman Susi se le ocurre la idea y gasta el presupuesto del Ministerio de Marina en hacerlo.
Nos sentamos en un banco (estas piernas) y a nuestro lado se sientan dos mujeres mayores. Les van a hacer una foto y nos hacen gestos. Nos apartamos para no molestarlas y no, quieren que nos acerquemos para hacerse la foto con nosotros. Con más gestos nos piden que nos levantemos y hala, inmortalizados en algún álbum familiar chino. No debe ser la única, por que ves muchas miradas furtivas, pero estas nos lo han pedido.
Como va siendo hora, compramos un vaso de fideos que hemos visto por todas partes, en el mismo sitio lo abren y le añaden agua hirviendo (hay termos en todos los sitios) a los cinco minutos tienes una gran ración de fideos con carne (bueno eso dice el vaso, en realidad los trozos de carne no aparecen, solo el sabor), con la que comemos los dos. Nos cuesta, en sitio turístico 5 yuanes.´
Aquí puedes pasar el tiempo que quieras, la finca es inmensa, hay edificios para ver a 10 kilómetros. A tanto no llegamos. Los chinos se llevan el picnic para pasar todo el día.
Volvemos en autobús al hotel y descansamos un poco. A lo tonto se nos ha hecho la hora de la cena. Estos días hemos visto muchos puestos de comida callejera en el hutong y vamos a probar. Hay pinchos de muchas variedades, con tres o cuatro pedacitos de algo ensartado en un palillo y cocidos en caldo o a la barbacoa, algunos aún después de comerlos seguimos sin saber que son, la sorpresa es al pagarlos, cuestan a 0,50 yuanes, si, a 5 céntimos de euro. Probamos por varios puestos. También comemos una especie de crep fina de harina oscura, rellena con un huevo, una galleta de trigo y diferentes salsa, está buena, cuesta 2 yuanes (20 céntimos)
Estamos un rato en el salón del hostel, conectándonos a internet y a la habitación a preparar las maletas y a dormir, que mañana es nuestro último día en Peking y por la noche al tren, para Xi'an
viernes, 1 de mayo de 2009
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