lunes, 4 de mayo de 2009

24 de Abril Xi'an

Desayunamos en el hotel, un buffet mezcla de chino y occidental, y hay café, de máquina, pero café. Nos vamos a ver la ciudad. Es una ciudad amurallada, pero sin confundirse, no es ni Toledo, ni Avila, las construcciones del interior de la muralla son, en gran parte, bloques modernos y feos, lo único es que son más bajos que los del exterior. La muralla si tiene mérito, 14 kilómetros, alta, muy ancha, 18-20 metros, con cuatro bellas puertas en los puntos cardinales. Se puede alquilar bicicletas o tandems ( bicicletas de dos) para dar la vuelta por lo alto. Es llana y muy ancha. También puedes ir en unos micros eléctricos. Desde arriba vas dominando los alrededores, el foso exterior y un parque con instalaciones para hacer footing, tai-chi, pingpong, conciertos espontáneos de música tradicional, vuelo de cometas (realmente son tan aficionados a las cometas como se dice, se ven muchas volando).
Empezamos por la Torre de la Campana, se ha quedado en una rotonda en el cruce de dos avenidas, solo se puede entrar por un túnel, es visitable el interior, se paga 40 yuanes por los billetes de esta y de la Torre del Tambor. Os recomendaría verlas de día y volver al anochecer, se ilumina todo y es completamente diferente. Está rodeada de Centros Comerciales de lujo, Hagen, Starsbuck, Mcdonals, KFC, aunque esto es muy habitual en toda China.
Cerca, andando, se llega al Barrio Musulmán, muy chocante, es de los pocos barrios antiguos que permanecen y resulta curioso ver a chinos representando roles que nosotros asociamos instintivamente con los árabes. Tiene mucha vida por la calle, tiendas de recuerdos, puestos de comida. La calle de entrada también es recomendable verla de noche, gana mucha vida, pero de día parece más real, menos turística. Aquí dentro está la mezquita, la más grande de Asia, ( 25 yuanes/pax)en una callejuela, entre jardines y pájaros, muy sosegada. El señor que vende los tickets, Camil, es de las personas que transmiten paz, deseando poder hablar contigo, comunicarse, cuando oye que somos españoles, pasa a usar el castellano. Pena de prisas.
La mezquita está llena de hombres, mayores en su mayoría, llaman a rezar cuando estamos allí, es curioso ver al muezin, con su turbante y sus rasgos chinos, con su micrófono llamando a los fieles. Dos ancianos nos piden hacerse una foto con nosotros, con nuestra cámara, digna de ver su cara cuando ven la foto en la pantalla de la cámara, al ratito lo saben todos los amigos.
El Barrio es muy agradable para un paseo y comer algo. Bebemos varios vasos de un té frio parecido al carcadé egipcio, endulzado, a 1 yuan. Volvemos a pasar al cabo de un poco, no está el hombre que nos atendió, hay una mujer, nos pide 2 yuanes. Entramos a la muralla por la puerta del Oeste y salimos por la Sur. Hay una pagoda y está el jardín de las estelas (50 yuanes) creo que para un occidental, ver tanta piedra y tanta caligrafía china que no entiendes, te deja un poco frio. Hay un mercadillo de productos típicos para turístas. Una cosa me llama la atención. Cuando yo era niño aprendiamos caligrafía con tinta china y plumilla. La tinta china se hacía disolviendo un poco de unas barritas como plastilina dura en agua. Aquí sigue habiendo de esas barritas, de diferentes colores, muy bellamente decoradas con dibujos dorados de caligrafía y animales. Compro para la gente de mi generación. Se que por 0,30 euros les voy a traer buenos recuerdos.
Volvemos al Hotel a recoger la maleta y a la estación, esta vez sin picar, andando. Por el camino paramos en una casa de comidas, que dirige una mujer, tiene los platos en la cocina, a la vista y podemos señalar. Cuando estamos allí nos da la impresión (serán imaginaciones) que nos usa como reclamo. Nos señala a los que pasan y les debe decir algo así (nos lo inventamos) que su casa es de tanta calidad y tanta fama, que vienen hasta extranjeros. Será mentira, pero se llena, y no nos pierden ojo.
Otro inciso, en la comida es muy habitual que te miren, como encima somos unos inútiles con los palillos, pues les damos risa. Por cierto, el que quiera comer con cubiertos, que se los lleve de casa, no los hay en ningún sitio, salvo las cucharas de cerámica para las sopas (no se si en hoteles de lujo occidentalizados...). En uno de los últimos días, cuando ya nos defendiamos con los palillos, y estabamos todo orgullosos, nos llega un camarero a media comida y nos trae cucharas, no estabamos comiendo sopa, nos hundió la moral.
Llegamos a la estación a esperar el tren. Este viene de paso, pero todo está muy bien organizado y cuando llega vamos buscando rápido el vagón. Es tambien larguísimo, pero no se la razón, muy diferente. Aparte de que es más antiguo y destartalado, tiene detalles... En vez de azafatas con uniforme de diseño y gorrito fucsia, estas van de uniforme militar y no sonrien ni en un descuido. Las zapatillas en vez de ser de usar y tirar son de estas Adidas playera, con muchos usos. Nos vuelven a cambiar los billetes por tarjetas. Coincidimos en el compartimento ( litera blanda, 4 pax) con un chico alemán que va solo por China, cambiamos impresiones, es agradable poder hablar con alguien, sin prisas y aunque sea en inglés. Le invitamos a un café de los de sobrecito.
A dormir.

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